Nuestra sinfonía de medianoche.
Así me gusta llamar al instante en que los cinco compartimos a Natalia. No como si fuera un objeto, sino como el centro sagrado de nuestro vínculo. Uno a uno, con la sincronía que solo hermanos de sangre y de alma pueden lograr, nos fundimos con ella. Tomamos su luz y la dejamos arder dentro de nuestras sombras. Pero esta noche… algo es distinto.
Sergei y yo tuvimos que salir de la ciudad. No por trabajo, como acordamos que le haríamos creer, sino para descubrir