Entramos al penthouse en silencio, pero el aire cargado de energía delataba que esta no era una llegada cualquiera. Natalia estaba aquí. Oficialmente. El hecho alegraba mi corazón. Durante semanas, nos obsesionó, ella era la primera que nos había desafiado y ahora cruzaba la puerta de nuestro hogar como la mujer de nuestro clan.
Natalia avanzó con cautela, su mirada recorriendo cada rincón. Había desconfianza en sus ojos, pero también curiosidad. Me pregunté si notaba cómo su respiración se vol