Pavel había dicho que solo nos quedaríamos una noche en el hotel, lo suficiente para consumar el vínculo mientras instalaban el sistema de cámaras que Alexei había ordenado para el penthouse. Pero terminamos quedándonos cuatro días completos con sus noches, a pesar de que nuestro hogar ya estaba listo.
La razón era simple: apenas salíamos de la habitación. Natalia nos tenía atrapados, embriagados por la intensidad de su luz, por la forma en que su cuerpo respondía al nuestro con absoluta entreg