El tiempo transcurre de forma insoportable. Aunque somos hombres pacientes, dos horas de espera es demasiado. Alexei, Roman, Leon y Sergei también sienten la incomodidad de la demora, aunque intentan disimularlo. Estamos sentados con las piernas abiertas y los brazos cruzados, listos para levantarnos y exigir que nos entreguen a Natalia.
No tuvimos tiempo de comprar trajes nuevos para la ocasión ni de planear demasiados detalles, solo nos aseguramos de que todo lo esencial estuviera listo para