Una fina llovizna caía sobre las calles de Londres, envolviendo los antiguos edificios victorianos a las afueras del distrito de Westminster en una sombría niebla gris. Detrás de esas paredes de ladrillo aparentemente ordinarias se encontraba el centro neurálgico de una de las organizaciones de inteligencia privada más influyentes del mundo. Sin embargo, hoy el ambiente dentro de la sede central (HQ) carecía de su arrogancia habitual. Había un aroma a pánico contenido, el zumbido incesante de