La nieve caía intensamente en Moscú, cubriendo las cúpulas de las iglesias y las calles empedradas con una capa blanca, fría y despiadada. Dentro de una espaciosa oficina en las afueras del complejo del Kremlin, fuertemente custodiado, la atmósfera estaba mucho más gélida que la tormenta exterior. El aroma a puros caros y roble viejo llenaba la habitación, pero para Nikolai Volkov, el aire se sentía como ceniza.
Nikolai estaba sentado en un gran sillón de cuero, con la mirada perdida en el ru