Tras despedir a May, Anna regresó a la mansión con un pulso constante pero vigilante. Sabía que su objetivo ya no era Ivan, quien era demasiado suspicaz, sino Dmitri: el genio tecnológico del clan, a quien era mucho más fácil acercarse a través del discurso intelectual.
Anna encontró a Dmitri en el corredor subterráneo, justo frente a la puerta de acero insonorizada que conducía al centro de datos. Dmitri parecía estar ajustando parámetros en su tableta, con el ceño fruncido por la concentrac