Esa tarde, en el salón de té con vistas a la vasta extensión de nieve, las tres mujeres se sentaron alrededor de una mesa de porcelana llena de dulces delicias rusas. Elena Volkov se sentó erguida, irradiando un aura de autoridad tranquila, mientras May se sentaba a su lado como la invitada inteligente.
Anna comenzó la conversación describiendo su visión para fortalecer la posición de los Volkov en el escenario internacional, específicamente en Nueva York.
—Mama Elena —comenzó Anna con tono