San Petersburgo recibió su regreso con un feroz abrazo invernal. Las tormentas de nieve envolvían los techos de las catedrales y congelaban la superficie del río Nevá, creando una escena tan hermosa como una postal, pero tan fría como la muerte. Para Anna, esta vista era un recordatorio de que había regresado a su jaula de oro, un lugar donde el poder de los Volkov no dejaba fisuras.
Dentro de la mansión principal, el ajetreo de los preparativos de la boda era asfixiante. Nikolai no escatimó