El toque de Nikolai en su hombro se sentía cálido pero posesivo, un marcado contraste con el agua fría que comenzaba a filtrarse en la piel de Anna. Ella se apoyó contra el borde de la bañera, inclinando la cabeza hacia atrás para encontrarse con los ojos oscuros de Nikolai.
—¿Ayudándome? —Anna arqueó una ceja, con los labios curvados en una sonrisa delgada y desafiante—. No sabía que el líder de la Bratva tenía tiempo libre para ser asistente de baño.
Nikolai no respondió con palabras. Tomó la esponja de baño, vertió jabón líquido con aroma a sándalo y comenzó a frotar la suave espalda de Anna con movimientos lentos pero potentes. La presión de su mano parecía afirmar que cada centímetro del cuerpo de Anna le pertenecía.
—Para ti, tengo todo el tiempo del mundo —susurró Nikolai, con voz baja y ronca cerca del oído de Anna—. Especialmente después de un largo día lleno de... sombras.
Anna cerró los ojos, tratando de disfrutar la sensación mientras mantenía su mente alerta. Su cora