El sonido de las palas del rotor del Eurocopter MH-65 surcaba el aire húmedo de la noche sobre el Océano Atlántico. Dentro de la estrecha cabina, iluminada por el resplandor rojizo de los instrumentos de mando, el rugido del motor era ensordecedor. Nikolai estaba sentado erguido frente a Anna, con auriculares tácticos puestos y los ojos fijos en una tableta militar yang mostraba el avance de la flota internacional que se cerraba sobre ellos.
Nikolai respiró hondo y luego miró hacia la ventana