La nieve caía perezosamente sobre el patio de la escuela primaria en el Distrito Vasilevski. El timbre de salida acababa de sonar, provocando una oleada de niños con chaquetas gruesas que corrían hacia las puertas. Entre la multitud, Leo caminaba con calma. Llevaba su mochila bien puesta y sus afilados ojos azules escaneaban constantemente los alrededores; un instinto heredado de su madre que se había convertido en su segunda naturaleza.
—¡Leo! ¡Espera! —Katarina, la hija de los vecinos y com