La nieve fuera del Hotel Astoria, uno de los hitos más emblemáticos de San Petersburgo, resplandecía bajo las farolas de cristal. Dentro del grandioso vestíbulo, el aroma del lujo impregnaba el aire: una mezcla de perfumes caros, madera de cedro y velas aromáticas. Sin embargo, para Anna —que ahora caminaba con su sencillo uniforme gris de florista— el aire se sentía sofocante.
—¡Más despacio, Yelena! Este ramo pesa hampir diez kilos. Si se te cae, definitivamente no podrás pagar mi sueldo —s