Capítulo 34. De la gloria al humo.
Emilia seguía sentada en la cama, el anillo de Adriana aún caliente en su mano, cuando la puerta del dormitorio se abrió con un estrépito que hizo jadear a Carmen, que aún llevaba la bandeja en las manos.
—¡No, non, non! ¡Esto es inadmisible! ¡Un atropello a la dignidad, a la marca…
En el umbral, con una teatralidad que solo él podía permitirse, apareció Pierre Delacroix. Pierre era mucho más que el asistente personal de Emilia; era su confidente, su director de imagen y el curador de su guarda