Capítulo 55. El filo en la sangre
Alessia
La habitación huele a papel nuevo y tela recién planchada. Sobre la cama, un abanico de blancos compite con el marfil, el champagne y un gris perla que me tienta más de lo que admito.
Extiendo un velo sobre el respaldo de la silla y lo dejo caer como una cascada de buen gusto. En la mesa hay muestras de encaje, punzones de pedrería, pequeñas tiras de satén etiquetadas con nombres de tonos que suenan a promesas: luna, almendra, hueso.
Abro el catálogo de invitaciones y paso las páginas c