Capítulo 56. El rugido del cazador
Dante
La lluvia pone una piel nueva sobre la ciudad. No apaga nada; enfría los bordes. En la mesa tenemos el mapa abierto, pero hoy no busco rutas: busco respiraciones. La voz de San Telmo vuelve entera si cierro los ojos: una ese que se gasta y un segundo muerto antes de soltar números. No necesito su cara. Necesito su hábito.
—Hoy no habrá fuego —digo—. Hoy es de caza.
Enzo entiende. Raffaele también. Nadie pregunta a quién vamos a cazar. Si está adentro, lleva nuestras llaves en el bolsillo y