Capítulo 48. Sombras en el Consejo
El motor ruge como una bestia encadenada, ansiosa por romper el acero que la contiene. Aprieto el volante hasta que siento que me va a estallar en las manos. Alessia está a mi lado, los ojos clavados en el horizonte, firme, sin un grito, sin un temblor, aunque el parabrisas vibra con cada impacto de bala que lo roza.
Enzo dispara desde la ventanilla, tres tiros secos que revientan un farol y obligan a uno de los perseguidores a esquivar. Atrás, en otro auto, Raffaele responde con una ráfaga que