Capítulo 15. Hilos invisibles
El chofer acelera suavemente cuando la camioneta se aparta del muelle. El olor a pólvora todavía me arde en la memoria, como si se hubiera pegado a mi piel. Me acomodo en el asiento trasero, intentando tranquilizar mi respiración, pero mi pecho sigue agitado. Miro por la ventana: las luces de la ciudad parpadean entre los reflejos del vidrio, y por un instante siento que todas esas miradas invisibles son para mí.
Dante me dijo que llamara si algo pasaba. Repito esa frase en mi cabeza, como un e