Capítulo 13. Lealtades quebradas
Salvatore
La oficina parece más un museo que un centro de poder. Los ventanales reflejan mi silueta alargada sobre el piso de mármol. Todo brilla, todo es elegante, pero vacío. Es una jaula dorada donde mi respiración se escucha demasiado fuerte. Acaricio el borde del escritorio de caoba como si pudiera absorber de él la fuerza que me falta.
El teléfono descansa frente a mí. Una llamada reciente sigue martillando en mi cabeza: voces frías, respuestas evasivas. Me hicieron sentir un actor secund