Capítulo 57. El peso de los fantasmas
Salvatore
La casa del sur no tiene memoria de risas. Huele a humedad, a madera que se hincha cuando cae la tarde. Un cuadro cubierto por una sábana se arquea con la brisa que se cuela por las rendijas. En la cocina, una gota cae cada quince segundos y hace un reloj que nadie pidió.
Alejandro bebe de a sorbos y mira hacia ninguna parte. A mí el whisky me sabe a agua vieja. Enciendo un cigarro que no debería encender. Alessia dijo que nos escondiéramos. Obedecimos. Es raro escribir esa palabra en