—¿Matteo?
Me sobresalté; conocía demasiado bien el aroma de ese perfume. De inmediato me debatí dentro de su abrazo.
—Suéltame.
Lo obligué a soltarme; al principio se resistió, pero finalmente Matteo cedió.
—Vuelve a casa, Valentina. Te he estado buscando desde ayer —dijo Matteo con un tono suplicante que me resultó repugnante.
—¿Por qué me buscas? Ya nos hemos dejado ir —le grité sin darme cuenta.
En ese momento busqué con la mirada a Díaz, esperando que me encontrara y me salvara de Matteo, p