—¿Matteo?
Me sobresalté; conocía demasiado bien el aroma de ese perfume. De inmediato me debatí dentro de su abrazo.
—Suéltame.
Lo obligué a soltarme; al principio se resistió, pero finalmente Matteo cedió.
—Vuelve a casa, Valentina. Te he estado buscando desde ayer —dijo Matteo con un tono suplicante que me resultó repugnante.
—¿Por qué me buscas? Ya nos hemos dejado ir —le grité sin darme cuenta.
En ese momento busqué con la mirada a Díaz, esperando que me encontrara y me salvara de Matteo, pero no lo vi por ninguna parte, y la distancia entre nuestra mesa y el baño era bastante larga.
—Lo siento, de verdad lo siento. Te busqué por todas partes y logré averiguar que estabas en Madrid. Pero cuando llegué aquí, no sabía dónde encontrarte.
Díaz tenía razón: Matteo había logrado rastrear mi ubicación en Madrid, pero no sabía que yo estaba en la casa de Felipe.
—No quiero volver. Al contrario, acelera nuestro juicio de divorcio.
No pude descifrar la expresión del rostro de Matteo, pero d