Segundo secuestro
—¿Qué estás esperando? ¡Vamos! —la voz de Felipe me sobresaltó, y de inmediato fui a buscar a Díaz.

Sabía bien dónde solía estar, así que me dirigí directamente allí. Un jardín bajo el balcón de mi habitación era el lugar favorito de Díaz. Tal como imaginaba, estaba allí. Mientras daba una calada a su cigarrillo, me miró un instante y luego actuó con indiferencia.

—Díaz, hay un coche policial vigilando otra vez afuera. Felipe dice que debes presentarte ante él de inmediato.

Díaz permaneció en silencio. Su actitud me enfureció, así que me acerqué y repetí mis palabras.

—Espera a que termine mi cigarrillo. Falta poco.

Con gesto irritante, siguió aplazándolo. Le arrebaté el cigarrillo de los labios y lo lancé lejos, al estanque de la fuente.

—¿Ya no temes ni respetas a mi hermano?

Díaz sonrió, asintió y se levantó sin decir una sola palabra.

—Es tu trabajo, debes asumir tu responsabilidad. ¿Por qué solo por lo de ayer te vuelves perezoso para trabajar?

—Al cigarrillo le quedaba poco, pero
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