—¡Valentina, casi lastimas a un bebé!—exclamó Mateo.Su reacción me sorprendió aún más: mi propio esposo no me defendió. ¿Quién se estaba casando con quién, en realidad?—No sé qué habría pasado si a Sofía le hubiera ocurrido algo—sollozaba Lucía, mientras Mateo revisaba a Sofía una y otra vez. La bebé volvió a llorar.—Valentina nunca ha sostenido a un bebé; aún tiene mucho que aprender—continuó Lucía entre lágrimas, meciendo a su hija, que no dejaba de llorar.—Valentina, ¿lo hiciste a propósito?—preguntó Mateo.Mis ojos se cruzaron con los suyos. Sabía que estaba enfadado. No podía creer que no confiara en mí como su esposa, como la mujer que había compartido con él una relación tan larga.—Mateo, tú me conoces—dije.Mateo se pasó la mano por el rostro con brusquedad. De pronto, se oyó un grito fuerte:—¡PERO ES UNA BEBÉ!Mi corazón latía con fuerza, los ojos me ardían y, de repente, las lágrimas comenzaron a caer.La bebé estaba bien; la protegí con mi abrazo. Solo se había asustad
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