Cuando abrí los ojos, ya me encontraba en una habitación, recostada sobre la cama. Intenté recordar lo último que había ocurrido y me incorporé de inmediato; sin embargo, justo cuando estaba a punto de bajar de la cama, descubrí que Díaz estaba a mi lado. Permanecía sentado, con la cabeza inclinada hacia el borde del colchón; al parecer, se había quedado dormido.
Extendí la mano con la intención de tocar su cabello, pero antes de que pudiera hacerlo, Díaz despertó.
—Ya has despertado, al parece