Kael.
Después de la sacudida que le di a Celeste en el baño, nos acostamos en la cama bien abrazados y mirando el techo, porque la luna llena apareció y yo durante esas noches no me separaba de ella.
Mis cejas se hundieron, empezaba a depender de Celeste para controlar mi maldición, y esperaba con ansias poder acabar de una vez por todas con Scarlet y liberarme de las cadenas que me ataban.
—¿En qué piensas? Te veo muy preocupado —preguntó, apoyando su cabeza sobre mi hombro para verme con te