Celeste.
Cuando llegamos al pueblo, pregunté por Kael y me dijeron que estaba ocupado atendiendo unos asuntos importantes, así que fui directo a la habitación para tomar una ducha, ya que mi cuerpo estaba todo sudado y olía horrible.
Me quité la ropa antes de entrar al baño, y me vi al espejo colgado en la pared sobre el lavamanos. Mi cuerpo no era envidiable, pero Kael me trataba como si fuera una jodida diosa.
Era raro que no estuviera esperándome, pues esa noche habría luna llena y eran l