Celeste.
La noche estaba más oscura que de costumbre, como si el bosque supiera que algo importante estaba por ocurrir. No había luna esa vez, solo un cielo espeso y cubierto de nubes silenciosas.
Kael ya me esperaba en el lugar donde solíamos entrenar. El mismo sitio donde alguna vez me había sentido débil, humillada… e inservible.
Pero esta vez, caminé hacia el centro con la cabeza erguida.
La hierba crujía bajo mis botas. Mi respiración era firme. Sentía a los bebés moverse suavemente en mi