Luther.
El día había llegado. Bueno, la noche.
No había lluvia. Tampoco había niebla. Solo un cielo pesado, con nubes que parecían contener la respiración al igual que nosotros. Me desperté después de haber tomado una siesta, pero no me levanté de inmediato. Me quedé tendido en la cama, mirando el techo como si pudiera leer en él algún presagio, algún detalle que me dijera que esta vez saldríamos ganando.
Nada.
Solo silencio.
Elise estaba en el tocador, cepillando su cabello con movimientos le