Nolan.
La cena era tranquila en la cabaña de Kael. La mesa estaba servida con sencillez: pan fresco, carne asada, y una botella de vino que Damián había traído “por si las cosas se ponían sentimentales”, según sus palabras. Aunque él no bebería, claro estaba.
No lo admitimos en voz alta, pero ambos sabíamos que lo decía por Kael. Faltaban pocos días para su encuentro con los usurpadores… y el ambiente estaba tenso, aunque nadie lo dijera con todas sus letras.
Kael cortaba su carne en silencio