Isadora se preparaba para dormir como todos los días. La habitación que compartía con otras sirvientas era estrecha, las literas estaban alineadas.
La suya la compartía con Karina, su mejor amiga. Por desgracia, el silencio no duró mucho. Las demás sirvientas empezaron a murmurar cosas sobre ella:
—¿Escuchaste lo que pasó en la cena? —susurró una.
—Claro. Isadora creyó que tenía un romance real con el heredero —respondió otra, con una risa burlona
—Está demente. Alguien como ella jamás podr