93. No estoy embarazada.
La antorcha danzaba nerviosa sobre la húmeda piedra de la cripta, iluminando con sombras inquietantes a Evelyn y su cómplice secreto. Un aire denso, cargado de humedad y el óxido de viejas conjuras, pesaba en el ambiente.
— ¿Viste el numerito? — siseó Evelyn con sorna, apoyada despreocupadamente en sacos de hierbas secas.
— El Alfa… convertido en presa en su propio dominio — respondió su acompañante con la voz tan pausada que sus palabras parecían arrastrarse por el suelo.
— Encerrado en la maz