121. Por favor, mi alfa.
La sentía rendirse a él, arquearse bajo su cuerpo, acoplarse poco a poco a sus movimientos y a su forma de reclamarla. Pero lo más importante era que la sentía ceder a su dominio, una entrega que lo encendía hasta el alma.
— Así... Déjate llevar... — Damián lamió el cuello de Isolde de forma lasciva, soltando sus muñecas y bajando para acariciar sus senos. Un leve toque con los pulgares los excitó antes de apretarlos con firmeza. — Estoy malditamente loco por ti —reconoció mientras bajaba por s