94. Temen que Damián vuelva a estallar.
La luna, alta y blanca, colgaba en el cielo iluminando el jardín interior, derramando su luz sobre los setos dormidos y las fuentes quietas. Isolde cruzó el umbral del salón con pasos lentos, envuelta aún en la túnica blanca. Solo cuando estuvo segura de que Rowan dormía profundamente, se permitió salir a buscar aire. O alivio. O algo parecido a paz.
Pero la noche no ofrecía consuelo.
El eco de los gritos, la violencia desatada, la mirada ensombrecida de Damián… todo se repetía en su mente con