118. Lo hiciste hijo.
— Ahora es más fuerte — susurró Raven, la preocupación marcándole la voz.
El silencio que siguió fue denso, casi sólido. Solo se oían los jadeos entrecortados de Isolde y los suaves quejidos de la recién nacida, envuelta en su calor. Alexander había desaparecido… pero su presencia seguía allí, flotando como un eco frío que se negaba a disiparse.
— Tenemos que irnos — dijo Damián al fin, rompiendo el silencio. Se inclinó para ayudar a Isolde a incorporarse, aunque sus ojos no se apartaban un seg