El carruaje avanzaba con la cadencia perfecta de los cascos de los caballos golpeando el camino. Mi mente saltaba de un pensamiento a otro, tan ensimismada, que apenas noté cómo William, con su típica distracción, se acercaba peligrosamente a mí. Sus roces, aunque sutiles, parecían cualquier cosa menos accidentes. Pero no dije nada. Estaba demasiado ocupada reviviendo mi última conversación con Bastian.
¿Es posible sentir algo tan complejo como el amor o el interés en tan poco tiempo?
Una sonri