Abrí los ojos mirando al techo, aún adormecida, y me giré instintivamente para buscar a William a mi lado. Mi sorpresa fue inmensa al notar que él me observaba fijamente, con una mezcla de ternura y curiosidad.
—¿Pasa algo? —pregunté, apenas logrando desperezarme.
—No, solo que... me gusta verte dormir —respondió con una sonrisa tranquila.
—¿En serio?
—Sí. Desde que estás aquí, no hay día en el que no te mire por la mañana. Es como un ritual que me llena de paz.
Su confesión me dejó sin palabra