36. ¿Cómo te atreves a investigar a mi hijo?
Los dedos de Byron Wallace tamborileaban rítmicamente sobre el borde de su escritorio de caoba. No había dormido. La imagen de Elena echándolo de su casa, con los ojos inyectados en una furia que no lograba comprender, se repetía en su mente como una película.
¿Por qué? Todo iba bien. El niño, la cena, ese acercamiento que se sentía más real que cualquier otra cosa en los últimos siete años.
Se sentó frente a su ordenador y vio el icono de notificación. El correo del laboratorio clínico.
Sintió