cap.282

Los cansados ojos del caballero se posaron en el cuerpo aún dormido de su esposa. Ella yacía ahora en otra posición, con la tarde del domingo avanzando tras la ventana, y ya llevaba más de doce horas en ese estado que, según el médico, era normal por la falta de costumbre o tolerancia al fármaco que, efectivamente, había sido confirmado en la sangre de Melissa. Él no había dormido nada, y sentía que si lo hacía, el tiempo se le escaparía de las manos. Tiempo que apenas lograba sostener mientras
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