—Te amo.
Y ella lo sabía. No iba a negarse a esa realidad, porque la envidia y los celos de su hermana adoptiva habían usado aquella verdad omitida como un arma para dañarla, para romper lo que solo ellos dos habían sabido construir. No le iba a permitir a Mariam, ni mucho menos a Camille, dos seres vacíos, superficiales e inseguros, convertirla, incluso lejos de sus mundos, en el basurero de sus asquerosos comportamientos. Porque Melissa ya no era más una falsa Halloway, pero sí era una verdad