Los nudillos se tornaron pálidos cuando vio al grupo de mujeres ingresar a su habitación junto con ese hombre, que solo la miró unos segundos, le hizo una reverencia y, tras anunciarle que debía prepararse, salió, dejándola a solas, como realmente se sentía con esas mujeres que parecían no verla siquiera como una persona, sino como una muñequita que debían arreglar para la nueva función, para la nueva hora de juego.
Cuando una de ellas dio un paso al frente, decidió ponerse al fin de pie. Ya