—Gaspar tenía una orden, los guardaespaldas también. Por eso fueron despedidos.
—Ares…
—¡No, Melissa! —él fue firme—. ¡No! Entiendo tu punto y estoy claro del mismo, porque tiene sentido. Seis o siete personas aparecieron en ese pasillo cuando yo le quebré la nariz a Federico, y sé bien que ninguno, ninguno de esos presentes podría creer por qué lo hice, porque parece imposible… pero no lo fue. Tu estado, su mirada, el examen… todo muestra que no lo fue —Ares suspiró al fin, viéndola a los ojos