Tocó su pecho, bajando como pudo de la plataforma. No sentía que el oxígeno llegaba a su ser, y, entre los traspiés que dio, terminó agarrándose del dosel de la cama. Solo notó cómo la sombra de una de esas mujeres salió de la habitación, pero Melissa terminó cediendo a sus emociones, a su caos mental, cayendo de rodillas ante la cama, donde apoyó su rostro, tomando bocanadas profundas que de nada servían.
—Dios, Dios, por favor dame fuerzas. Te ruego que me des fuerzas para vivir esto —negó