La antigua mansión Vercelli estaba en completo silencio, un silencio que presagiaba lo peor.
Gael observó por última vez las armas sobre la mesa antes de levantar la mirada hacia los hermanos Negrete.
—Esta noche termina todo —dijo con frialdad—. Adriano ya tuvo demasiado tiempo jugando a ser rey.
Uno de los hermanos Negrete intercambió miradas con el otro antes de asentir lentamente.
—Nuestros hombres ya están listos, señor
Gael tomó su arma, revisando el cargador con calma.
—Perfecto.
George