Capítulo 35. La grieta se abre
La mañana llegó sin piedad.
Rebecca se despertó antes que Edgardo. Lo miró dormir con la expresión relajada que raras veces mostraba cuando estaba despierto. Su pecho subía y bajaba con ritmo pausado, y su brazo la mantenía cerca, como si incluso dormido necesitara saber que seguía allí.
Pero algo dentro de ella no estaba en calma. Se levantó en silencio, se envolvió en una manta y caminó hacia el ventanal. Afuera, los jardines de la mansión parecían ajenos a todo. Como si el peligro no pud