Capítulo 36. Sombras entre caricias y traiciones
La mansión Montenegro estaba en completo silencio. El sonido de las hojas movidas por el viento apenas se colaba por los ventanales, pero adentro, todo era contención y expectativa. La seguridad se había duplicado, Edgardo no dejaba que nada ni nadie quedara sin vigilancia, menos aún después del informe que había recibido sobre el viejo Morgan.
Rebecca se encontraba en su habitación, descalza, con una bata apenas atada, mirando hacia el jardín con el ceño fruncido. Algo dentro de ella no podí