Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire en la mansión Montenegro estaba enrarecido. Edgardo, de pie junto al ventanal, miraba el jardín con los puños apretados. Sus hombres se movían con rapidez, organizando rutas, vigilancias, reforzando medidas de seguridad. Había dado la orden de no dejar escapar a nadie. Pero en el fondo, su mente no estaba en la estrategia… sino en ella.
Rebecca.Su nombre lo atormentaba como un susurro constante. Ahora que las piezas comenzaban a encajar, el arrepentimiento lo desbor






