Capítulo 49

—¿Fuiste tú la que envió a sus matones para secuestrarme? —preguntó Natalia con una ironía que intentaba ocultar el temblor de su voz. Se incorporó con esfuerzo, apoyándose en los codos, y alzó el mentón como quien aún reclama dignidad.

Anabella se detuvo en la puerta, cruzó los brazos y clavó en ella una mirada fría.

—Sí—dijo con desdén—. Es la forma de quitarme de encima a los estorbos.

Una oleada de vergüenza y rabia recorrió a Natalia. ¿Cómo había sido tan ingenua? Le había hecho sitio en s
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