—¿Cómo me queda? —preguntó Natalia, girando frente al espejo y acomodándose el vestido con una mano sobre la cintura.
Ofelia la observaba desde detrás, sonriendo por el reflejo.
—Te queda precioso, bambina. Estás radiante; una embarazada muy atractiva —respondió la mujer con honestidad, sus ojos cálidos atravesando el cristal.
Natalia había pedido a la ama de llaves que la acompañara a dar un paseo; estaba saturada de paredes y necesitaba aire. Primero hicieron una visita a Rosa, su abuela. La