De repente, su rostro cambió. Natalia se llevó la mano al estómago, se puso pálida y dejó el plato a un lado. Antes de que Ofelia pudiera reaccionar, la chica salió corriendo al baño.
—¡Bambina! —exclamó Ofelia, entrando detrás de ella y viéndola doblarse frente al excusado, devolviendo por completo lo que había comido.
Cuando Natalia salió, débil y temblorosa, Ofelia la sostuvo con firmeza y la condujo hasta la cama. La arropó como a una niña, le acarició el cabello húmedo y habló con voz suav