Venedikt
No sé qué diablos le pasa a Julieta, pero no esperaba que estuviera tan contenta por ser secuestrada. Ha sido difícil, pero nunca intentó escaparse de mí. Eso es una bendición, considerando lo desordenada que fue esta operación.
—Tengo sed —se queja desde atrás mientras aceleramos por la carretera principal, zigzagueando entre el tráfico.
—Voy a detenerme en un minuto —respondo.
—¿En serio? —pregunta, sorprendida.
Me río.
—Sí, en serio, para poder ponerle un mordaza a esa bocaza que ti